©Cisco Dietz. Cortesía del fotógrafo.

©Cisco Dietz. Cortesía del fotógrafo.

©Cisco Dietz. Cortesía del fotógrafo.

ENCUENTROS: RETRATOS EN EL CERRILLO

CISCO DIETZ

El retrato tiene una larga historia en el arte y la fotografía. Desde los primeros daguerrotipos, realizados a partir de 1839, la fotografía ha sido un medio de expresión personal al generar imágenes que son a la vez identidad y memoria. El retrato fotográfico ha sido también un medio de exploración de la experiencia humana, de su comunicación, clasificación e incluso de control social.

Cisco nos presenta en esta exhibición su exploración del retrato como medio para la comprensión del entorno social que lo rodea a su llegada a San Cristóbal en los años 90s. Originario de California, donde nació en Hollywood en 1952, y donde se formó en la escuela de cine y televisión de la Universidad de California en Los Ángeles.

Cisco inició su trabajo en Hollywood en los años 70s y después de un par de años decidió establecer su propia compañía de producción. Fue entonces que se interesó en la fotografía. Como diría a Hardcore California en 1983, se formó como fotógrafo en el callejón entre las calles Main y Spring durante 1972. De ahí su interés en la fotografía callejera. A partir de entonces aprendió por sí mismo las bases técnicas de la fotografía en blanco y negro. Sus primeros trabajos de fotografía fueron con revistas y agencias de diseño, logrando establecer las bases de su trabajo comercial. Al mismo tiempo, desarrolló su interés en la fotografía artística y exploró nuevas técnicas de producción. A partir de 1978 descubre la técnica de transferencia de imágenes polaroid, con lo que genera nuevas oportunidades artísticas, particularmente en el mundo de la música. En esos años, Cisco se adentró en la cultura musical del sur de California fotografiando conciertos y grupos musicales de la nueva ola y el punk de Los Ángeles.  A partir de 1978, Cisco fue fotógrafo de la discoteca patinadero Flipper’s, un ícono de la cultura musical de California. En 1981 es reconocido por la compañía Polaroid, ganando una beca de apoyo para su producción. Esa producción es hoy en día parte de las colecciones de importantes museos, como el Instituto de Arte de Chicago y el Museo de Arte Contemporáneo de San Francisco.

A partir de 1983, Cisco abandona su natal California y su trabajo en Los Ángeles para establecerse en otra capital de la cultura musical americana, Nueva Orleans. Ahí Cisco desarrolla su trayectoria como fotógrafo comercial y maestro de fotografía, integrándose al Centro para las Artes Creativas de Nueva Orleans.

Es a partir de los 90s que Cisco visita Chiapas y decide establecerse en San Cristóbal y desarrollar un nuevo proyecto personal de taller fotográfico: AperTours. Es la experiencia de su taller que lo lleva a recorrer las calles de San Cristóbal y buscar capturar en su fotografía la esencia de su nueva experiencia, ese encuentro que ha fascinado a tantos visitantes a Chiapas que ven en su diversidad y riqueza cultural una humanidad compartida. Es así como Cisco se convierte en un nuevo referente del desarrollo de la fotografía en San Cristóbal. Su Galería Studio Cerrillo, establecido en el 2002, se convierte en un espacio de promoción del arte y la fotografía, generando nuevas oportunidades de aprendizaje y producción artística.  A partir de esas bases Cisco desarrolla un ambicioso proyecto en el que recorre distintas comunidades de Chiapas para retratar a sus habitantes. Volviendo a la influencia temprana ejercida por Irving Penn en su trabajo como fotógrafo, Cisco decide utilizar un estudio portátil con su telón de fondo, el cual establece en las calles para buscar retratar a quienes encuentra.

Esta exhibición presenta su particular trabajo en la Plazuela del Cerrillo, un espacio clave en la vida cotidiana de San Cristóbal y del cual Cisco ha sido vecino por muchos años. Al instalar su estudio fotográfico en ese espacio público y fotografiar a quienes por él transitan en función de su trabajo, Cisco nos presenta una serie de retratos que nos llevan a reflexionar sobre nuestra relación con el espacio de la ciudad y su gente. Estas fotografías hacen evidente el aparato fotográfico a través del telón que tradicionalmente aísla a los sujetos de su entorno, pero que, en este caso, hace evidente la presencia del fotógrafo y su construcción del espacio en el que exploramos la realidad de los sujetos fotografiados. A la vez, ese telón nos lleva a observar la acción del sujeto que se percibe fotografiado y el arreglo que hace de los instrumentos de trabajo que lo acompañan.

El visitar esta exhibición nos lleva a formular las preguntas básicas que definen a la fotografía hoy en día. ¿Cómo entender nuestra relación como espectadores con los sujetos representados en estas imágenes? ¿Cómo entendemos la labor del fotógrafo en su comunidad? ¿En qué medida podemos construir una memoria compartida? En ultima instancia al visibilizar su encuadre en el telón de estudio, podemos cuestionar la tiranía de ese instrumento que, como lo define la filosofa Judith Butler, es la base de una norma deshumanizadora al restringir lo que es perceptible y lo que puede ser.

El retrato mantiene nuestro interés al generar un sentido de afinidad o empatía. Es así como sus imágenes nos presentan uno de los dilemas clave de la fotografía: ¿Cómo entender la relación entre el fotógrafo y sus sujetos de interés?, ya sean la persona retratada o el espectador que encuentra la imagen de otro sujeto.

En esta exposición, Cisco nos propone un encuentro con la vida cotidiana de nuestra comunidad y la oportunidad de hacer la fotografía un instrumento para reconocer y apreciar la diversidad de San Cristóbal en sus espacios públicos.